El Salvador es un país sumamente difícil para vivir, pues la historia nos acusa y sus líderes –que es lo peor- son los protagonistas principales del presente que hoy vivimos.

Algo que debe quedar claro es que las soluciones a los problemas del país no la tienen las instituciones públicas, un partido político, una empresa privada… las soluciones las tenemos las personas. Son las personas quienes con sus decisiones afectan su futuro y a quienes les rodean. Todo lo demás no trasciende, son las personas quienes hacen trascender a otras personas y con ellas los lugares adonde se encuentran.

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Es una pena vivir en un país en donde la derrota de uno signifique la victoria para el otro. Casi que de manera mensual vemos involucrado a un partido político en un escándalo sobre el mal manejo del aparato estatal, probablemente muchos no estuvimos en aquel momento para denunciar algunos actos de corrupción o asesinatos, pero es un amargo sabor de boca escuchar que un expresidente se robó un banco, que un candidato a la presidencia fue un asesino durante la Guerra y que otros expresidentes desviaron fondos públicos para sus beneficios personales.

La situación social es alarmante, muchos economistas afirman que el país debe tener por lo menos una inversión privada entre 20 % y 25 % para crecer económicamente; hoy en día rondamos el 15 %. Cada vez más la violencia parece ser una bruja que hace desaparecer a muchos jóvenes separándolos de sus sueños.

También el país cerrará el 2013 con una deuda pública cerca del 54 % del Producto Interno Bruto (PIB) cuando en el inicio del mandato del presidente Funes era de 48 %. Sin embargo, es lógico pensar que sin crecimiento económico no podemos generar el pago suficiente para la cancelación de la deuda, pues la productividad es baja debido a que el empleo es escaso y la inversión privada y pública no es la suficiente. Todo esto solo por mencionar algunas “enfermedades” que vive el país y de las cuales aún no se ha curado.

Ciertamente el liderazgo se ha ido degradando y no tenemos muchos líderes que inspiren al país a verdaderos cambios, desde políticos prepotentes como nuestro actual presidente, pocos transparentes como los presidentes de la post-guerra, diputados sin vergüenzas que no representan en nada a la gente dándonos espectáculos circenses cada jueves de plenaria hasta líderes sociales como representantes de iglesias acusados de violación y estafa, son los perfiles que los jóvenes de hoy en día tenemos.

Basta de pensar que la juventud es el futuro. La juventud es el presente y hoy podemos hacer los cambios que necesitamos. No nos dejemos llevar por ofertas de candidatos que planean sus políticas públicas para pocos días o un quinquenio, ni tampoco por aquéllos que ofrecen cambios sin decir con qué recursos los harán. No dejemos que los políticos nos insulten con sus “shows mediáticos”. Nos merecemos un país donde vivamos dignamente y donde nuestros derechos se hagan valer para que cuando nos toque liderar no seamos una copia barata de los “lideres” que hoy tenemos.

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El camino para la juventud no es fácil, hay que romper paradigmas sociales, y con tanta indignación social que hoy vivimos podría ser este el impulso para ser más críticos del contexto social y empezar a dialogar para proponer soluciones cada uno desde su “trinchera”… solamente esforcémonos por alcanzar lo que deseamos y demostremos que puede existir una sociedad nueva con valores y principios morales.

 

Twitter: @juancarlosmf_

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